Para la mayoría de niños y adolescentes “estar conectados” a un dispositivo se ha convertido en la manera de  estudiar, de sociabilizar y de recrearse. ¿Qué impacto tiene para ellos?

 

Niños y exceso de Pantallas

La Cuarentena sin duda ha tenido efectos secundarios en los adolescentes y jóvenes. Estar online más tiempo de lo que ya lo hacían, es uno de ellos y para muchos puede surgir el temor de que niños y adolescentes desarrollen una adicción a las pantallas.

Para algunos chicos el juego Fornite es la “nueva plaza” cerca de casa, sin pasto, sin juegos, sin árboles. Hoy no van a jugar a la pelota, hoy se conectan a sus juegos en línea, eso los mantiene en casa, seguros de no contagiarse de Covid y de paso dejan “tranquilos” a los padres por un tiempo.

Un escenario que bien puede ser el preludio de que las pantallas digitales se están transformando en baby sitters para los niños, otorgando a los adultos tiempo para las múltiples funciones en el trabajo, las tareas de la casa, incluso el anhelado descanso.

El problema que ocurre con esta situación es que al llamarlos a comer o a compartir de una conversación, ellos no llegan.

La realidad v/s la vida online

Los videojuegos en línea venían ganando terreno de manera sostenida en el mundo de los comportamientos adictivos o de la adicción a las pantallas, antes de que ocurriera esta pandemia.

A mediados del 2019, la OMS ya había inscrito en el DSM-5 el “Trastorno por adicción a Video Juegos”

Pese a que este trastorno ya se había hecho tangible, la situación de aislamiento sanitario ha alterado el cotidiano de todos.

Hoy se hace complejo predecir el impacto que va a tener en el aumento de comportamientos  adictivos en adolescentes y jóvenes estas conductas de hiper-conexión. Sólo se puede mirar las experiencias internacionales y proyectar un aumento dramático de familias en las que “los videojuegos” se estarían robando “la experiencia de realidad” de sus niños.

Ya  hay jóvenes que no pueden parar de jugar, que postergan todas sus actividades por mantenerse en línea y que se vuelven irritables y agresivos cuando se les “tironea de vuelta a la casa de verdad”.

Del juego al riesgo en su desarrollo.

El efecto más complejo de esta conducta tiene que ver con el bloqueo que puede producir en el desarrollo adolescente, en su Identidad, en su autoimagen y autoestima, Muchos comienzan a desarrollar habilidades en el juego y sienten que son buenos en eso, buscan ser parte de un grupo social, sentirse validados por sus pares, (por ejemplo cuando en su grupo le señalan: “queremos que tú juegues con nosotros ya que eres mejor que”…) al validarse allí, requieren seguir allí.

El tiempo de exposición a las pantallas también va alterando su alimentación y el sueño, se quedan jugando por horas hasta llegada la noche y la energía para desarrollarse se va agotando y poco queda para invertir en la realidad, para tener experiencias satisfactorias reales en lo social, familiar, en el estudio o el deporte.

Ocurre entonces que la única fuente de gratificación se encuentra en el juego online y de forma instantánea. Esto hace que la vida real se vuelva una complicación, que el tiempo de verdad y cotidiano comience a competir con el tiempo destinado a la pantalla.

Una competencia desigual, donde el adolescente termina diciendo: “no tengo tiempo para ti” y tampoco lo tienen para si mismo.

Devolverlos a la realidad.

El llamado es a estar cerca y pendientes delos chicos y del tiempo que dedican a la pantalla, para que estar en línea no se vuela el quehacer fundamental de su día.

Puede ser complejo ya que hay mucha presión para los padres que están realizando múltiples funciones en el hogar y el teletrabajo ocupa gran parte de su día.

El desafío es encontrar el espacio en familia que permita vincularse con lo real, con los sentimientos. Lo ideal es que sean espacios pre establecidos y con un horario fijo dentro de la semana, esto lo vuelve predecible y seguro para los niños.

Hay actos simples que pueden incorporarse a la rutina, hacer algo de ejercicio juntos, compartir y jugar a lo que sea que sus niños quieran hacer en ese tiempo. Puede proponerles cocinar, hacer galletas, pintar o tocar música. La actividad en realidad no es lo que importa, lo relevante es que ellos quieran compartir con usted ese tiempo, porque no hay nada más atractivos para un hijo que la atención paterna.

Si no se despega de la pantalla, incorpórese usted a lo que esté viendo y haciendo su hijo. La señal que estará dando es de interés hacia él o ella y se estará acercando hacia su mundo.

Si aún así esto no resulta, no se desanime. Vuelva a intentarlo, tratar de vincularse con su hijo o hija adolescente siempre será un tiempo bien invertido.