1.- Confie y siga su instinto

Seguramente su preocupación es real, comparta con un familiar su inquietud, no se aísle. Una consulta a tiempo puede marcar una gran diferencia.

2.- Una persona que tiene una adicción es incapaz de reconocer su enfermedad.

Cree que puede dejar el consumo cuando quiera y considera que todo lo que le dice usted al respecto, es una exageración.

3.- Ponga atención a los cambios físicos y de conducta. 

Por ejemplo, si está más irascible, si tiene ataques de pánico, duerme mucho o poco, no se comunica y ha perdido interés en aquello que antes le gustaba hacer. Si hay cambios en el apetito, se aísla, se pierde de vista o se distancia.

4.- No enganche en las discusiones, ni juzgue.

La dependencia al alcohol y drogas es una enfermedad que cambia a las personas. Hablar del problema con alguien cuando está en consumo no es recomendable ni efectivo.

5.- No piense que es falta de amor.

Cuando una persona tiene una adicción está desconectada de sus afectos. Es probable que usted sienta que esa persona se ha vuelto indolente, como si nada le afectara.

6.- Sea objetivo, pero cariñoso. 

Cuando se trata de la adicción de un ser querido recuerde que usted no la causó, no la puede controlar, no la puede curar. Hay ayuda especializada, búsquela.

7.- Comenzar la conversación es importante.

Hágalo cuando la persona esté tranquila y sobria. Parta expresando consideración y afecto: “te lo digo porque te quiero”.

8.- Busque ayuda profesional.

Aunque la persona que tiene una adicción NO quiera recibir un tratamiento, hay maneras de ayudarla y de intervenir en el avance de la enfermedad. Iniciar un tratamiento en forma No voluntaria, es igualmente efectivo.

9.- No caiga en la desesperanza. 

Los intentos previos, incluso el fracaso en tratamientos anteriores no afecta el resultado de un nuevo tratamiento.